Por Lidya María Collí Noh
Hoy 20 de abril, se cumplen 47 años de la fundación del que antes fuera no solo uno de los polos turísticos más importantes y hermosos del mundo sino el más tranquilo.
Y digo fuera porque esto ya paso, sobre todo en este último aspecto, el de la tranquilidad. El Cancún de hoy ya no es el mismo de hace apenas algunos años cuando podían verse trotando a las turistas en traje de baño por las noches sobre la zona hotelera sin ningún temor de que alguien pudiera asaltarlas, secuestrarlas o violarlas.
Esa fantasía que un grupo de banqueros hicieron realidad en 1970 en este paradisiaco Estado de Quintana Roo, poco a poco ha ido perdiendo tanto su tranquilidad como su belleza y su importancia a nivel mundial con la llegada de mucha gente mala que en lugar de sumarse al progreso, la paz y el amor lo han convertido en sitio de actividades delictivas que solo causan daño y dolor a sus semejantes.
De poco o nada sirven los esfuerzos que hagan los gobiernos por querer hacer que “el nido de víboras” u “olla de oro” como se le ha conocido a Cancún vuelva a ser el paraíso que antes fue si todos esos que lo han visto como lugar propicio para delinquir siguen operando sin ningún respeto.
Solo queda pedirle a Dios que esos maleantes que han venido a romper la tranquilidad, la belleza y la fama de este bendito lugar sean transformados en gentes de bien para que no sigan causando daño a lugares como este donde todos podríamos vivir en santa paz y disfrutando sin ningún temor.

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