Cortesía de Pedro Canché
-¿Que tal se porta Roberto Borge, el mexicano? “Está en el lugar del general Manuel Antonio Noriega, en la enfermería(Noriega salió de esta cárcel el 17 de Enero de 2017 para un arresto domiciliario y murió apenas el 30 de Mayo reciente de un tumor maligno en el cerebro). Colabora bien. Está cumpliendo con barrer y lavar las celdas del baño y enfermería. Ya hizo amigos ahí y pidió que lo cuidaran”.
-Y es bueno con la escoba Roberto? “Si, lavar los baños le cuesta pero está aprendiendo. ¿Y usted de que le toca? Oiga lo vamos a poner a jugar fútbol o básquetbol pues se la pasa encerrado y no quiere salir al patio”.
Roberto Borge cruza la pequeña cancha de fútbol. Y mueve la cabeza por todos lados tratando de hallar un rostro conocido.
“El Ciervo” se retira pues le ha llegado su hijo a visitarlo. Lleva 10 años en el Renacer y su muchacho ya está en la adolescencia.
Borge busca a su amigo. Igual anda descontrolado.
-Hola Roberto Borge, soy yo el que vino a visitarlo. Venga acá.
Trastabilló con la grava suelta. El tipo se pone pálido. Cambian sus facciones. Está sorprendido. No esperaba verme ahí. Aprieta las mandíbulas. El rostro sin afeitar se pone colorado. El gobernador que me puso en la cárcel por sus caprichos de dictador ahí estaba… derrotado.
Nunca lo había visto en persona, ni antes ni después del encarcelamiento a la que fui sometido en su gobierno. Nunca le había visto el rostro. Su cara me recordó a Buzz, el personaje del infinito y más allá de la caricatura infantil Toy Story.
-Vamos a platicar. Esto no es nada personal. Es un trabajo periodístico. Dígame cómo está. “Yo esperaba a Fabian. No quiero platicar con nadie. Contigo no. Qué haces aquí”.
-¿Te gustó la torta del Trapiche? Le digo mientras observo el polo color celeste y el pantalón de mezclilla que le traje ayer. -Por cortesía creo que podremos charlar unos minutos por lo menos.
Hay dos guardias que vigilan la interacción de los visitantes y los presos. A ellos se dirige Borge una vez recuperada la compostura. Aún cree tener el mando. Lo soberbio lo tiene a flor de piel. “Guardias desalojen al periodista por favor. Manden a desalojar a esta persona”. El guardia a quien se dirigió, un soldado panameño le dijo: ” Si usted manda a desalojar a sus visitas entonces no permitiremos que lo visiten. ¿Cómo sabremos que visitas quiere y cuál no? Y sabe señor aquí la visita se le respeta. Está en su derecho de no aceptarlo. Pero aquí no desalojamos a nadie.
Borge apresura el paso por la pequeña reja y le dice algo a dos de sus compañeros que se le acercaron y voltean a verme.
Parado contemplo como se escabulle por la cancha de fútbol. Presuroso va cuesta arriba a su celda en la enfermería.
Ahora ya no tiene los pies de plomo.
Pedro Canché













