Durante el siglo XX la actividad chiclera en conjunto con el corte de maderas preciosas representó el motor económico para la población del entonces territorio y hoy estado de Quintana Roo, pero fue el plan piloto chiclero hoy denominado Chicza, el que dio un valor agregado a la resina, convirtiéndola en un producto que hoy se comercializa en más de 28 países de Europa.
«El chicle ha sido fundamental para nosotros es un producto que no los da la tierra y los productores que se arriesgan a subir a los arboles a extraer la resina y hace 24 años que yo entre al consorcio chiclero que en aquel entonces era un plan piloto.
Gregorio Martínez López, miembro fundador de Chicza con participación en Quintana Roo y Campeche, detalló que alcanzar la calidad y la presencia que hoy tiene la empresa, no fue tarea fácil al igual que unir a las cooperativas, pues recordó que para ello se tuvo que acudir a ferias para dar a conocer la resina del chicle al natural pues era desconocido para el mundo. Se empezó a pensar la manera de que el chicle no se fuera solo como materia prima y se aprovechó por mucho tiempo como materia prima, pero gracias que se visualizó un futuro para darle un valor agregado al producto.
Destacó que desde sus comienzos el consorcio chiclero ha representado avance económico para los productores, aunque esta se realice de 3 a 4 meses al año, dado que complementa las actividades que realizan como la apicultura y la agricultora.
«La maquinaria vino de Japón se hizo muchos ensayos se tuvo que botar material por que no quedaba gracias a los ingenieros a la formulación se comenzó a ver el avance hacia el futuro del chicle
Hizo hincapié que actualmente Chicza tiene abierto el mercado en todo Europa con penetración en 28 países en donde se comercializan dado que ya cuenta con diversas certificaciones que la hacen una empresa líder en el mundo.













