Por Esteban Guarneros Aragón
Cuando estás en el lugar de los hechos evalúas el daño colateral de las malas costumbres, de algunos pueblos, de bloquear carreteras como medida de presión para exigir a los gobiernos cumplan con sus peticiones. Me tocó presenciar, en días pasados en la carretera federal Chetumal-Felipe Carrillo Puerto, a la altura del centro de entrenamiento militar Xtomoc, el bloqueo, durante cinco horas, por pobladores de lo que años atrás fuera un centro de refugiados guatemaltecos, habitantes de Maya Balam.
Más allá del derecho de manifestación la afectación por el cierre de la vía federal, repito federal, la sufrieron decenas de turistas extranjeros y nacionales que, viajando de la zona norte, no lograron concluir su viaje hacia las áreas turísticas de la zona sur de Quintana Roo; se vieron perjudicados también dos ambulancias de traslado que, sin bien no transportaban a un paciente, tenían el compromiso de llegar a sus destinos y continuar con su servicio de viajes de urgencia.
Igualmente se vieron afectados empleados de los gobiernos estatal y municipal que tenían compromisos con citas de horarios ya establecidos; además de empleados de comercios que, algunos de ida y otros de vuelta, tenían trabajo que desempeñar.
Todo esto, sin mencionar el mal rato que pasaron algunas mujeres y niñas que en algún rincón de la carretera tenían que desahogar una necesidad fisiológica, ideando alguna forma que les permitiera no exhibirse públicamente. Los hombres y niños con menor pudor no quedaron exentos, varios buscaron la orilla de la carretera o un espacio poco visible al lado del vehículo en el que viajaban para orinar.
A pesar de que las oficinas municipales de Bacalar quedan a un tiempo de 15 minutos y las oficinas del gobierno estatal a menos de una hora del lugar de los hechos, tardaron más de tres horas para que las autoridades llegaran y dialogaran con los manifestantes y lograr que una de las dos vías de la carretera quedará libre para la circulación de los vehículos.
Por cierto, los policías federales de carretera y municipales sólo estuvieron de espectadores. Ninguno de ellos se acercó a los manifestantes para un intento de persuasión.













