EN CHETUMAL, LAS BANQUETAS SON TODO MENOS BANQUETAS

Agosto, 2018. Esteban Guarneros Aragón.

En los últimos días se ha iniciado una serie de comentarios en la opinión pública en torno al uso indebido de las banquetas, la “nota” en un primer caso se conoce por la denuncia de vecinos en una construcción que se apropió de algunos metros de banqueta y, un segundo caso, la evidencia, en un medio de comunicación, de que empresarios hacen uso de las banquetas de manera comercial, pero no ahondaremos más en esos dos asuntos, el tema es la nula importancia que tienen las banquetas tanto para las autoridades como para el ciudadano.
Si nos damos un recorrido por diversas avenidas y calles de nuestro querido Chetumal encontraremos que las banquetas, donde existen, son utilizadas para todo tipo de cuestiones personales o asuntos comerciales menos para lo que fueron construidas, o sea, un acceso vial para el peatón.
En colonias como 20 de noviembre, David Gustavo, Leona Vicario, Martínez Ross y los asentamientos más céntricos de la ciudad por citar algunos, encontraremos que las banquetas o el área para las banquetas son parte de la propiedad del dueño de la casa, se pueden admirar desde esplendorosos jardines hasta el agreste monte porque nunca el Ayuntamiento se ha preocupado por construir la vía pública para el peatón. En esta zona de la ciudad vemos que las banquetas tienen más de tres metros de ancho y la gran mayoría fueron construidas por particulares, caso contrario en las colonias populares donde vemos banquetas que miden menos de un metro de ancho.
Así pues, en otros lugares de la ciudad notamos banquetas a la mitad porque la otra mitad es utilizada por el dueño de la casa para su cochera o, de plano destinada como estacionamiento privado con el vehículo arriba de la banqueta. Otros de estos espacios públicos fueron transformados en rampas para el paso del vehículo hacia al garaje de la casa, sin embargo los declives fueron tan mal construidas que se convirtieron en un obstáculo para el peatón.
Esos son escenarios en casas de particulares pero los casos de los empresarios, comerciantes, vendedores ambulantes, restauranteros, talleres de todo tipo y locatarios en los mercados públicos que con el permiso del Ayuntamiento utilizan la banqueta para sus negocios, es por demás insultante para el ciudadano de a pie y grotesco para la imagen urbana en Chetumal.
Pero ante todo esto ¿Quiénes tienen la culpa?, el ciudadano que no respeta en lo mínimo las banquetas o la autoridad municipal que se hace de la vista gorda y no aplica la ley por ser éste un asunto de intereses, limitando al ciudadano al uso único de espacio seguro y exclusivo para caminar por la ciudad.
Si usted estimado lector camina 20 minutos por distintas calles y avenidas de nuestra capital, se percatará de inmediato que los más afectados son los discapacitados, sobre todo aquellos que se desplazan solos en sillas de ruedas, también son los ancianos que por su edad caminan con dificultad y ante estos obstáculos son todo un reto para ellos, cuando deberían ser lo contrario vías de libre y fácil andar.
Otro grupo de afectados son los niños y jóvenes que van hacia la escuela y todo aquella persona que al tratar de caminar por éste espacio público llamado banqueta, no puede hacerlo porque su estructura ha sido modificada, invadida o simplemente no existe y todos ellos se ven obligados a transitar por el asfalto, por cierto, una mala costumbre adoptada por cientos de personas en Chetumal, me queda la duda si es por necesidad o por hábito.
Como toda obra pública las banquetas y guarniciones tienen un proceso de construcción y un costo, existe todo un trabajo que requiere de una inversión, aplicación de recursos públicos que es ignorado y no valorado por la vecindad y dueños de negocios que mirando por sus propios intereses demuele, modifica o utiliza de forma ilegal las banquetas.
La ciudad de Chetumal tiene mucho tiempo, más de 20 años que no recibe un serio mantenimiento y cuidado a su infraestructura urbana, sufre la vulnerabilidad del uso indebido y falta de respeto por la ciudadanía en sus camellones, banquetas, áreas verdes y parques públicos, etc., y el desinterés de las autoridades municipales y estatales por mejorar sus vialidades ya que vemos pocas señales de tráfico, deterioro de la pintura en las marcas viales en el pavimento, semáforos obsoletos y ausencia de estos en cruceros peligrosos, inexistencias de placas de nomenclaturas en calles y avenidas, rampas con la construcción adecuada para discapacitados, mantenimiento y mas pasos peatonales, ente una serie de necesidades urbanas mas.
Esperemos que el próximo cambio de gobierno municipal en Othón P. Blanco inicie cuando menos con algún programa de protección, cuidado y atención en algunos de estos aspectos urbanos y la nueva ley de movilidad sea aplicada como la describen sus propias normas, la de “garantizar la movilidad universal de las personas y el efectivo desplazamiento de los individuos”.

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